El fin de semana, la FIFA tuvo que tomar una difícil decisión: quitarle o no al estado de Nuevo León el estatus de sede del Mundial de futbol. La razón: el gobernado Samuel García insiste en pintar todo de naranja -el color de su partido Movimiento Ciudadano- y eso contraviene los contratos comerciales con la FIFA. Unos días antes de tener que tomar esa difícil decisión, se registró lo más cercano a un rompimiento: en una llamada telefónica, el gobernador Samuel García terminó a gritos con el representante de la FIFA en México, Jürgen Mainka. Quitarle a Nuevo León el estatus de sede, a unos días del Mundial, generaba para la FIFA un desafío logístico monumental. No implicaba retirar los partidos de Monterrey, pero hubiera obligado a reorganizar la coordinación para los temas de seguridad, operación, movilidad, etc., para sacar de la jugada al gobierno de Samuel García y mantener la cooperación con el municipio de Monterrey y con la federación. Sería un golpe brutal a la imagen de Samuel García y de su esposa, la influencer y empresaria Mariana Rodríguez, quien aspira a la gubernatura. Por eso la presidenta Sheinbaum veía con buenos ojos la posibilidad de que la FIFA se animara contra Samuel. Sería capitalizable por Morena en una contienda estatal en la que no la tiene nada fácil. El pleito no fue de última hora. Es una relación que se fue incendiando poco a poco por la destemplada personalidad del gobernador y su urgencia electoral, que se sumó a las reglas férreas de una FIFA acostumbrada a comerse todo el pastel: Primero, Nuevo León fue la última sede en México en firmar el acuerdo entre el gobierno estatal y Host City. Esto se debió a que en privado, la FIFA había prometido a Nuevo León que le tocaría recibir a una selección de alto perfil. El gobernador sentía que había amarrado que Países Bajos (uniforme naranja, lucro electoral inempatable) jugara sus partidos en Nuevo León. No sucedió. Ahí hubo un primer asomo de rompimiento. Si la FIFA no cumplía lo prometido, comunicó el gobernador, pues él tampoco invertiría lo prometido. Al final, él sí invirtió y la FIFA sólo alineó un partido de Países Bajos en dieciseisavos de final para jugarse en Monterrey (asumiendo, que no es mucho asumir, que clasifique en primer lugar de su Grupo). Segundo, a la FIFA no le gustó el convenio entre el gobierno de Nuevo León y 110 empresas en el programa "Ponte Nuevo Ponte Mundial" para adaptar infraestructura, mejorar entornos, recuperar espacios públicos, reclutar voluntariado. ¿Por qué no le gustaba a la FIFA? Porque de ese dinero que usa el Mundial no le llega nada y porque entraron marcas que no son patrocinadoras oficiales de FIFA y eso le generó bronca con las que sí pagan millones en derechos exclusivos. Tercero, el gobernador construyó un gran parque colindante con el estadio y ahí también hubo choque de marcas que querían incluso regalar bebidas y alimentos. FIFA brincó porque ellos garantizan a sus patrocinadores el esquema de protección de marca (brand protection) que incluye que en una zona aledaña a los estadios no haya otras marcas más que las patrocinadoras oficiales. El parque está adentro de la zona de restricción. La gota que estuvo a punto de derramar el vaso fue el Fan Fest de FIFA. La sede será el emblemático Parque Fundidora, propiedad del gobierno, tiene brand protection, toda la imagen debe ser acorde a la FIFA y el gobernador se empecinó en que todo fuera color naranja. Según las fuentes de primer nivel en las que se basa esta columna, gobernador y FIFA se colmaron mutuamente la paciencia. Entre un gobernador que se sentía rechazado a pesar de la inversión pública y una FIFA que se topó con un político que quería sacar raja electoral en cada rubro del Mundial. El asunto escaló a los gritos. Pero al final se arreglaron.
Historias de Reportero: Cómo Samuel casi perdió la sede del mundial
Escrito el 09/06/2026