Historias de Reportero: Cómo Samuel casi perdió la sede del mundial

Escrito el 09/06/2026
Carlos Loret de Mola

El fin de semana, la FIFA tuvo que tomar una difí­cil deci­sión: qui­tarle o no al estado de Nuevo León el esta­tus de sede del Mun­dial de fut­bol. La razón: el gober­nado Samuel Gar­cía insiste en pin­tar todo de naranja -el color de su par­tido Movi­miento Ciu­da­dano- y eso con­tra­viene los con­tra­tos comer­cia­les con la FIFA. Unos días antes de tener que tomar esa difí­cil deci­sión, se regis­tró lo más cer­cano a un rom­pi­miento: en una lla­mada tele­fó­nica, el gober­na­dor Samuel Gar­cía ter­minó a gri­tos con el repre­sen­tante de la FIFA en México, Jür­gen Mainka. Qui­tarle a Nuevo León el esta­tus de sede, a unos días del Mun­dial, gene­raba para la FIFA un desa­fío logís­tico monu­men­tal. No impli­caba reti­rar los par­ti­dos de Mon­te­rrey, pero hubiera obli­gado a reor­ga­ni­zar la coor­di­na­ción para los temas de segu­ri­dad, ope­ra­ción, movi­li­dad, etc., para sacar de la jugada al gobierno de Samuel Gar­cía y man­te­ner la coo­pe­ra­ción con el muni­ci­pio de Mon­te­rrey y con la fede­ra­ción. Sería un golpe bru­tal a la ima­gen de Samuel Gar­cía y de su esposa, la influen­cer y empre­sa­ria Mariana Rodrí­guez, quien aspira a la guber­na­tura. Por eso la pre­si­denta Shein­baum veía con bue­nos ojos la posi­bi­li­dad de que la FIFA se ani­mara con­tra Samuel. Sería capi­ta­li­za­ble por Morena en una con­tienda esta­tal en la que no la tiene nada fácil. El pleito no fue de última hora. Es una rela­ción que se fue incen­diando poco a poco por la des­tem­plada per­so­na­li­dad del gober­na­dor y su urgen­cia elec­to­ral, que se sumó a las reglas férreas de una FIFA acos­tum­brada a comerse todo el pas­tel: Pri­mero, Nuevo León fue la última sede en México en fir­mar el acuerdo entre el gobierno esta­tal y Host City. Esto se debió a que en pri­vado, la FIFA había pro­me­tido a Nuevo León que le toca­ría reci­bir a una selec­ción de alto per­fil. El gober­na­dor sen­tía que había ama­rrado que Paí­ses Bajos (uni­forme naranja, lucro elec­to­ral inem­pa­ta­ble) jugara sus par­ti­dos en Nuevo León. No suce­dió. Ahí hubo un pri­mer asomo de rom­pi­miento. Si la FIFA no cum­plía lo pro­me­tido, comu­nicó el gober­na­dor, pues él tam­poco inver­ti­ría lo pro­me­tido. Al final, él sí invir­tió y la FIFA sólo ali­neó un par­tido de Paí­ses Bajos en die­ci­sei­sa­vos de final para jugarse en Mon­te­rrey (asu­miendo, que no es mucho asu­mir, que cla­si­fi­que en pri­mer lugar de su Grupo). Segundo, a la FIFA no le gustó el con­ve­nio entre el gobierno de Nuevo León y 110 empre­sas en el pro­grama "Ponte Nuevo Ponte Mun­dial" para adap­tar infraes­truc­tura, mejo­rar entor­nos, recu­pe­rar espa­cios públi­cos, reclu­tar volun­ta­riado. ¿Por qué no le gus­taba a la FIFA? Por­que de ese dinero que usa el Mun­dial no le llega nada y por­que entra­ron mar­cas que no son patro­ci­na­do­ras ofi­cia­les de FIFA y eso le generó bronca con las que sí pagan millo­nes en dere­chos exclu­si­vos. Ter­cero, el gober­na­dor cons­truyó un gran par­que colin­dante con el esta­dio y ahí tam­bién hubo cho­que de mar­cas que que­rían incluso rega­lar bebi­das y ali­men­tos. FIFA brincó por­que ellos garan­ti­zan a sus patro­ci­na­do­res el esquema de pro­tec­ción de marca (brand pro­tec­tion) que incluye que en una zona ale­daña a los esta­dios no haya otras mar­cas más que las patro­ci­na­do­ras ofi­cia­les. El par­que está aden­tro de la zona de res­tric­ción. La gota que estuvo a punto de derra­mar el vaso fue el Fan Fest de FIFA. La sede será el emble­má­tico Par­que Fun­di­dora, pro­pie­dad del gobierno, tiene brand pro­tec­tion, toda la ima­gen debe ser acorde a la FIFA y el gober­na­dor se empe­cinó en que todo fuera color naranja. Según las fuen­tes de pri­mer nivel en las que se basa esta columna, gober­na­dor y FIFA se col­ma­ron mutua­mente la pacien­cia. Entre un gober­na­dor que se sen­tía recha­zado a pesar de la inver­sión pública y una FIFA que se topó con un polí­tico que que­ría sacar raja elec­to­ral en cada rubro del Mun­dial. El asunto escaló a los gri­tos. Pero al final se arre­gla­ron.