Ruiz-Healy Times: Los votantes siempre tienen sus razones

Escrito el 09/06/2026
Eduardo Ruiz-Healy

¿ Por qué vota la gente como vota? La pre­gunta parece obvia. La res­puesta, casi siem­pre, no lo es. Es más cómodo decir que Trump ganó por­que millo­nes de esta­dou­ni­den­ses son igno­ran­tes, o que Morena arrasa por­que millo­nes de mexi­ca­nos son mani­pu­la­dos. Ambas fra­ses no sir­ven para res­pon­der la pre­gunta. Las encues­tas ayu­dan a enten­derlo. En junio de 2016, AP-NORC publicó su encuesta "Divi­ded Ame­rica". Los núme­ros eran bru­ta­les: el 80% de los encues­ta­dos dijo que los esta­dou­ni­den­ses esta­ban muy divi­di­dos en torno a sus valo­res. El 85% pen­saba que el país estaba más frac­tu­rado que antes. Y el 52% creía que los mejo­res días de Esta­dos Uni­dos habían que­dado atrás. Ese no era un país sim­ple­mente enga­ñado. Era un país pesi­mista, eno­jado y des­con­fiado de sus éli­tes. Trump no inventó ese males­tar. Lo leyó, le dio ene­mi­gos visi­bles y lo con­vir­tió en su fuerza elec­to­ral. Una nueva encuesta de AP-NORC, de abril de 2026, lo con­firma: solo uno de cada cua­tro esta­dou­ni­den­ses dice hoy que su país está por encima de todos los demás, y casi tres de cada 10 opi­nan que hay paí­ses mejo­res, el doble que en 2016. El Sueño Ame­ri­cano se des­va­nece, la demo­cra­cia pierde peso como rasgo de iden­ti­dad nacio­nal. Por eso, el movi­miento de Trump cre­ció sobre tie­rra fér­til. Algo com­pa­ra­ble ocu­rre en México. El voto por Morena tam­poco se explica por igno­ran­cia, clien­te­lismo o fana­tismo. Las encues­tas mues­tran un país que acu­muló enojo con­tra los par­ti­dos tra­di­cio­na­les, har­tazgo por la corrup­ción y frus­tra­ción por la desi­gual­dad. Para millo­nes, Morena no es una teo­ría ideo­ló­gica sino una res­puesta a gobier­nos que con­si­de­ran falli­dos. No com­pa­ran a Morena con un ideal demo­crá­tico, sino con el mal recuerdo del PRI y del PAN. En esa com­pa­ra­ción, Morena sigue ganando. Los pro­gra­mas socia­les impor­tan. Para muchos hoga­res, no son pro­pa­ganda, sino un ingreso real. Quien recibe una pen­sión o una beca no vota por estu­pi­dez, vota por con­ti­nui­dad, por gra­ti­tud o por miedo a per­der algo que antes no tenía. Ade­más, con Andrés Manuel López Obra­dor, antes, y ahora con la pre­si­denta Clau­dia Shein­baum, sien­ten que por pri­mera vez alguien les habló a ellos, no a las éli­tes urba­nas o tec­no­crá­ti­cas. Trump y Morena no son lo mismo y sus rea­li­da­des son dis­tin­tas. Pero el meca­nismo polí­tico es simi­lar: cuando gran parte de la socie­dad siente que el sis­tema no la escu­cha ni la repre­senta, pre­mia a quien dice enfren­tarlo. No importa si des­pués cum­ple o no. Pri­mero llega al poder por­que sabe cana­li­zar el enojo. En México el hori­zonte es 2027. En EEUU, noviem­bre de 2026. En los dos casos el enojo se manu­fac­tura cada mañana. La pola­ri­za­ción no es un sín­toma del sis­tema. Es su com­bus­ti­ble. El error ha sido con­fun­dir el desa­cuerdo con la infe­rio­ri­dad moral o inte­lec­tual. Quien vota por Trump no nece­sa­ria­mente es igno­rante. Quien vota por Morena no nece­sa­ria­mente es ven­dido. Ambos hacen un cál­culo a par­tir de su expe­rien­cia, sus mie­dos y sus recuer­dos. Enten­der por qué millo­nes votan como votan no es jus­ti­fi­car­los. Es lo mínimo que exige la demo­cra­cia. Mien­tras los adver­sa­rios sean tra­ta­dos como idio­tas, nadie ten­drá incen­ti­vos para escu­char­los. Y mien­tras nadie los escu­che, segui­rán votando por quien les diga, aun­que sea a gri­tos, que sí los entiende y que va a mejo­rar su cali­dad de vida.