Atril: Sicarios, motocicletas y chalecos obligatorios

Escrito el 07/05/2026
JPerez

Sábado pasado. Dos cri­mi­na­les se des­pla­zan en moto­ci­cleta, se colo­can al lado de las víc­ti­mas, bala­cean a una menor de edad, dis­pa­ran y huyen rápi­da­mente. La niña y el hom­bre que­dan tira­dos en el piso, heri­dos. La sos­pe­cha del vecin­da­rio resulta típica: es un caso más de cobro de piso por parte de sica­rios impu­nes. Suce­dió en la calle 10 de Abril de la colo­nia Lomas del Carril de Temixco. Los sica­rios se tras­la­da­ban en una moto­ci­cleta, lo que tam­bién acabó vol­vién­dose algo común... Los deli­tos en moto­ci­cleta son fre­cuen­tes; las ten­den­cias y los datos ofi­cia­les así lo mues­tran. En la Ciu­dad de México, que cuenta con el sis­tema de moni­to­reo más avan­zado del país, fre­cuen­te­mente se regis­tran deli­tos en moto­ci­cleta. Una patru­lla puede per­se­guir a una moto­ci­cleta a lo largo de dos o tres cua­dras, pero la moto desa­pa­rece en el enjam­bre de vehí­cu­los. La patru­lla no puede manio­brar fácil­mente, como sí lo hace una moto y sólo puede ser per­se­guida por otra moto­ci­cleta. En pocos minu­tos los sica­rios regre­san a sus domi­nios; se per­die­ron entre los calle­jo­nes y las cáma­ras de video vigi­lan­cia fue­ron bur­la­das. En los años recien­tes en México han aumen­tado las denun­cias por deli­tos come­ti­dos a bordo de moto­ci­cle­tas. Son comu­nes las eje­cu­cio­nes, robos y asal­tos a tran­seún­tes… Repu­tada como la "madrina de la cocaína" y cono­cida por su san­griento estilo de ven­garse, en el Miami de los setenta y ochenta Gri­selda Blanco usaba pis­to­le­ros en moto­ci­cleta. Con­si­de­rada la "inven­tora" de este método, en 2004 salió de pri­sión, fue depor­tada a Colom­bia y se ins­taló en Mede­llín, donde fue eje­cu­tada por ase­si­nos que se des­pla­za­ban… en una moto­ci­cleta. En la Colom­bia de Pablo Esco­bar Gavi­ria la moto­ci­cleta fue el vehí­culo pre­fe­rido de los sica­rios. Y lo sigue siendo en otros paí­ses. Los sica­rios son jóve­nes, fri­san los veinte y sue­len ase­si­nar mon­ta­dos en moto­ci­cle­tas. Esco­bar, quien en diciem­bre de 1993 sería aba­tido por el lla­mado Blo­que de Bús­queda com­puesto por 5,000 mili­ta­res y poli­cías, usaba un ejér­cito de sica­rios en motos. En las déca­das de los 80 y 90, los sica­rios come­tie­ron unos 8 mil homi­ci­dios cada año, uti­li­zando la moto­ci­cleta como medio de trans­porte. Esco­bar usó un ejér­cito de sica­rios en moto­ci­cleta que causó miles de muer­tos, prin­ci­pal­mente en Mede­llín y Bogotá. Ante esa ola de vio­len­cia, el gobierno colom­biano prohi­bió que dos per­so­nas via­ja­ran en una moto­ci­cleta, y res­trin­gió la cir­cu­la­ción de estos vehí­cu­los en algu­nas zonas y en deter­mi­na­dos hora­rios. Tam­bién ordenó que los moto­ci­clis­tas por­ta­ran el número de la matrí­cula en el cha­leco y en el casco... Donde quiera la escena resulta ruti­na­ria: Va el auto­mo­vi­lista mane­jando y para en el semá­foro. Ve de reojo que se le empa­reja una moto­ci­cleta. No vol­tea; teme que sean sica­rios, así que pone las manos en el volante, no las retira para tomar el celu­lar o sacar un ciga­rro, y espera a que prenda el verde del "siga". Quita el freno y avanza len­ta­mente. Más ade­lante ve un retén. Lo mismo pue­den ser mili­ta­res que poli­cías fede­ra­les apo­ya­dos por ele­men­tos esta­ta­les y muni­ci­pa­les. Debe dis­mi­nuir la velo­ci­dad. Cues­tión de suerte; antes sólo para­ban vehí­cu­los en los que iban dos o más hom­bres, ahora paran hasta a seño­ras con niños. Si le toca, obe­dece. Le pre­gun­ta­rán: "¿de dónde vie­nes?, ¿a dónde vas?, ¿en qué tra­ba­jas?, ¿dónde vives?". Orde­nan que baje del coche, que abra la cajuela, que no se resista. Si tiene suerte y le toca un poli­cía de bue­nos moda­les, le expli­cará que es un punto de revi­sión para su segu­ri­dad. Pero no podrá evi­tar que le revuelva el coche. Bus­cará en la cajuela, abajo y arriba de los asien­tos y en las por­te­zue­las. Usted arranca, pero debe ale­jarse len­ta­mente, y no se enoje si más ade­lante topa con otro retén, no diga que ya lo revi­sa­ron. El que nada debe, nada teme… En México hace tiempo que los cha­le­cos debe­rían ser obli­ga­to­rios, con las letras y el número de la placa impre­sos en la espalda, gran­des y lumi­no­sos para una iden­ti­fi­ca­ción ins­tan­tá­nea… (Me leen mañana). Las opi­nio­nes ver­ti­das en este espa­cio son exclu­siva res­pon­sa­bi­li­dad del autor y no repre­sen­tan, nece­sa­ria­mente, la polí­tica edi­to­rial de Grupo Dia­rio de More­los.