Vince Gilligan, reconocido creador de las series Breaking Bad y Better Call Saul, sorprendió recientemente al declarar su admiración por Bob Esponja, un ícono de la animación infantil que, según él, representa un reto creativo mucho mayor de lo que parece.
En una entrevista, Gilligan afirmó que Bob Esponja es “un gran show” centrado en un personaje “valientemente bueno”. Señaló que, tras décadas desarrollando antihéroes moralmente complejos, reconoce que crear un personaje íntegramente bondadoso —y que, a la vez, resulte convincente y cautivador—, puede ser aún más difícil que escribir un villano.
Para el guionista, la fascinación por Bob Esponja radica en su capacidad de transmitir optimismo, pasión y honestidad sin caer en clichés o superficialidad. “Tiene una pasión por atrapar medusas”, dijo Gilligan, haciendo hincapié en que esa inocencia y entusiasmo puro representan un tipo de heroicidad distinta: sencilla, positiva, pero profundamente humana.
Gilligan añadió que escribir personajes “buenos” resulta complicado justamente porque muchas historias buscan conflicto moral, ambigüedad y oscuridad. En contraste, mantener la pureza, la esperanza y la bondad como eje narrativo —y hacerlo bien— requiere un equilibrio delicado que él admira en Bob Esponja.
Estas declaraciones muestran una faceta poco conocida del creador de Breaking Bad: su respeto por géneros y estilos diferentes, su apertura hacia la animación como forma artística válida y su interés por la diversidad narrativa. También invitan a reflexionar sobre las posibilidades de la ficción: ese héroe clásico, idealista y luminoso, puede tener tanta fuerza dramática como el villano más complejo.
En definitiva, Vince Gilligan no solo reivindica a Bob Esponja como un referente cultural, sino que convierte su admiración en una reflexión sobre el valor de la bondad en la creación de personajes, un enfoque que podría inspirar a guionistas y creadores a explorar nuevas formas de contar historias.


