Tercero Interesado: La política: Sin medio tiempo ni tiempo de compensación

Escrito el 24/06/2026
Carlos Tercero

Cada cua­tro años, el fut­bol logra algo que pocos fenó­me­nos socia­les con­si­guen: alte­rar ruti­nas y con­cen­trar la aten­ción de millo­nes de per­so­nas en una misma narra­tiva. El Mun­dial no es úni­ca­mente una com­pe­ten­cia depor­tiva; es tam­bién un acon­te­ci­miento cul­tu­ral capaz de ocu­par por­ta­das, domi­nar ten­den­cias digi­ta­les y con­ver­tirse en el prin­ci­pal tema de con­ver­sa­ción pública. Sin embargo, mien­tras los reflec­to­res apun­tan hacia los esta­dios, la vida polí­tica con­ti­núa: los gobier­nos siguen tomando deci­sio­nes, los con­gre­sos con­ti­núan legis­lando y los pro­ble­mas estruc­tu­ra­les per­ma­ne­cen ahí, espe­rando aten­ción más allá de los noventa minu­tos regla­men­ta­rios. La coin­ci­den­cia entre el Mun­dial de 2026 y diver­sos temas de alta rele­van­cia nacio­nal ofrece una opor­tu­ni­dad para refle­xio­nar sobre la rela­ción entre entre­te­ni­miento, opi­nión pública y agenda polí­tica. No se trata de afir­mar que el fut­bol dis­traiga deli­be­ra­da­mente a la socie­dad; la rea­li­dad es más com­pleja. Lo que sí resulta evi­dente es que la capa­ci­dad de aten­ción de cual­quier socie­dad es limi­tada, y cuando un acon­te­ci­miento extraor­di­na­rio ocupa buena parte del espa­cio mediá­tico, otros asun­tos igual­mente tras­cen­den­tes pue­den reci­bir menos escru­ti­nio ciu­da­dano. Uno de ellos es el debate gene­rado por los cien­tos de millo­nes de pesos des­ti­na­dos a "for­ta­le­cer el sis­tema edu­ca­tivo" tras las nego­cia­cio­nes con la Coor­di­na­dora Nacio­nal de Tra­ba­ja­do­res de la Edu­ca­ción. Más allá de las posi­cio­nes encon­tra­das, la dis­cu­sión gira en torno a una cues­tión fun­da­men­tal para cual­quier demo­cra­cia: la trans­pa­ren­cia en la asig­na­ción de recur­sos públi­cos y los lími­tes de la nego­cia­ción polí­tica con acto­res capa­ces de ejer­cer pre­sión social. El tema tam­bién invo­lu­cra la cali­dad de las polí­ti­cas edu­ca­ti­vas, la ren­di­ción de cuen­tas y la capa­ci­dad ins­ti­tu­cio­nal para pro­ce­sar con­flic­tos mediante meca­nis­mos for­ma­les. Al mismo tiempo, se acerca una nueva etapa de revi­sión del Tra­tado entre México, Esta­dos Uni­dos y Canadá (T-MEC). Aun­que se trata de un pro­ceso téc­nico para muchos ciu­da­da­nos, sus impli­ca­cio­nes son pro­fun­da­mente polí­ti­cas y eco­nó­mi­cas. El desem­peño de las expor­ta­cio­nes, la lle­gada de inver­sio­nes vin­cu­la­das al nears­ho­ring, la com­pe­ti­ti­vi­dad regio­nal y miles de empleos depen­den, en buena medida, de la esta­bi­li­dad de este acuerdo. Mien­tras las selec­cio­nes dis­pu­tan par­ti­dos deci­si­vos, el país enfrenta defi­ni­cio­nes estra­té­gi­cas que podrían influir en su cre­ci­miento durante los pró­xi­mos años. La dimen­sión par­ti­dista tam­poco per­ma­nece inmó­vil. Morena atra­viesa una etapa par­ti­cu­lar­mente rele­vante. Como ocu­rre con toda fuerza polí­tica que alcanza una posi­ción domi­nante, el desa­fío ya no con­siste úni­ca­mente en ganar elec­cio­nes, sino en admi­nis­trar el poder, pre­ser­var la cohe­sión interna y man­te­ner ali­nea­dos inte­re­ses que no siem­pre son coin­ci­den­tes. Las ten­sio­nes natu­ra­les entre lide­raz­gos, corrien­tes y alia­dos for­man parte de un pro­ceso que ten­drá con­se­cuen­cias para la gober­na­bi­li­dad y para la con­fi­gu­ra­ción de la com­pe­ten­cia polí­tica en 2027. A ello se suman las dis­cu­sio­nes sobre prio­ri­da­des pre­su­pues­ta­les, gasto público y pro­gra­mas estra­té­gi­cos. En tiem­pos de res­tric­cio­nes finan­cie­ras, la asig­na­ción de recur­sos revela con cla­ri­dad las prio­ri­da­des de un gobierno y las ten­sio­nes entre las múl­ti­ples deman­das socia­les. Algo simi­lar ocu­rre en el ámbito legis­la­tivo. Las dis­cu­sio­nes rela­cio­na­das con dere­chos labo­ra­les, for­ta­le­ci­miento ins­ti­tu­cio­nal y refor­mas de alcance nacio­nal como la elec­to­ral con­ti­núan avan­zando, aun­que muchas veces lejos de la aten­ción que reci­ben epi­so­dios mediá­ti­cos de escasa tras­cen­den­cia pública. La demo­cra­cia no fun­ciona úni­ca­mente durante las cam­pa­ñas elec­to­ra­les ni en los momen­tos de cri­sis; tam­bién se cons­truye en estos pro­ce­sos menos espec­ta­cu­la­res, donde se defi­nen reglas, dere­chos y res­pon­sa­bi­li­da­des que afec­tan la vida coti­diana de millo­nes de per­so­nas. El Mun­dial pasará. Las cele­bra­cio­nes, los resul­ta­dos y las emo­cio­nes que­da­rán en la memo­ria colec­tiva. Lo que per­ma­ne­cerá serán las deci­sio­nes públi­cas adop­ta­das durante este periodo. Des­pués de todo, los cam­peo­na­tos ter­mi­nan, pero las deci­sio­nes públi­cas per­ma­ne­cen. Los goles se cele­bran durante unos días; las con­se­cuen­cias de las deci­sio­nes polí­ti­cas se sien­ten durante años. Las opi­nio­nes ver­ti­das en este espa­cio son exclu­siva res­pon­sa­bi­li­dad del autor y no repre­sen­tan, nece­sa­ria­mente, la polí­tica edi­to­rial de Grupo Dia­rio de More­los.