Atril: Madres en la revolución (Primera de dos partes)

Escrito el 12/05/2026
JPerez

No pode­mos sos­la­yar el Día de la Madre, pero ubi­cán­dolo en un con­texto poco abor­dado: el his­tó­rico. Con todo el res­peto y la con­si­de­ra­ción que nos mere­cen, entre­sa­ca­mos algu­nos datos para recor­dar que ser esposa y madre no ha sido lo mismo en todos los tiem­pos. Indu­da­ble­mente los tiem­pos que vivi­mos no son una perita en dulce, tiene su grado de difi­cul­tad, pero hay his­to­rias que no dejan de sor­pren­der­nos… Hasta donde se sabe, Emi­liano Zapata tuvo quince hijos con nueve muje­res, aun­que el dicho popu­lar es que engen­dró catorce. Tomada del libro de Jesús Sotelo Inclán, "Raíz y Razón de Zapata", y de la página elec­tró­nica del Cen­tro de Estu­dios de la Revo­lu­ción Mexi­cana, la siguiente es una lista de las muje­res con quie­nes Emi­liano Zapata tuvo hijos. –Inés Alfaro Agui­lar: Gua­da­lupe, Nico­lás, Juan, Pon­ciano y María Elena. –Josefa Espejo Merino (nació en Ane­ne­cuilco el 19 de marzo de 1879 y murió en Villa de Ayala el 8 de agosto de 1968, a los 89 años y en la misma fecha de cum­plea­ños de su esposo): Felipe y Josefa, quie­nes murie­ron de niños, él mor­dido por una víbora y ella a con­se­cuen­cia de la pica­dura de ala­crán. –Mar­ga­rita Sáenz Ugalde (nació en Yau­te­pec en 1899 y murió en la Ciu­dad de México en 1974): Luis Euge­nio, Mar­ga­rita y Gabriel, quie­nes murie­ron poco des­pués de nacer. –Petra Por­ti­llo Torres: Ana María Zapata Por­ti­llo. –María de Jesús Pérez Caba­llero (nacida en la hacienda de Coahuixtla): Mateo Emi­liano Zapata Pérez. –Geor­gina Piñeiro: Diego Zapata Piñeiro. –Gre­go­ria Zúñiga: María Luisa Zapata Zúñiga. –Luz Zúñiga: con ella no tuvo hijos. –Matilde Váz­quez: Gabriel y José Zapata Váz­quez. Pero ade­más de madres, otras muje­res par­ti­ci­pa­ron como gue­rri­lle­ras. La lista es corta, pero no se agota. En cada pue­blo de More­los hay his­to­rias que pasan de gene­ra­ción en gene­ra­ción, sobre la par­ti­ci­pa­ción de madres en la Revo­lu­ción. Ense­guida con­sig­na­mos dos ejem­plos, pero las his­to­rias anó­ni­mas ahí están, espe­rando ser res­ca­ta­das por la letra escrita. Por ello es que recu­rri­mos al segundo tomo del libro "Los Valien­tes de Zapata", del cro­nista Agur Arre­dondo Torres, quien incluyó en ese libro de 2008 el apar­tado "Muje­res en la Revo­lu­ción zapa­tista". De esa obra toma­mos dos ejem­plos de mamás revo­lu­cio­na­rias: Rosa Boba­di­lla viuda de Casas. Mejor cono­cida como La Coro­nela, grado exten­dido por acuerdo del gene­ral Emi­liano Zapata por sus méri­tos en cam­paña, era una autén­tica gue­rri­llera. Nació en el pue­blo de Coa­te­pec de las Bateas, Tian­guis­tengo, Estado de México, el 4 de sep­tiem­bre de 1875. Cuando esta­lló la revo­lu­ción made­rista de 1911 vivía en Yau­te­pec, lugar donde se sumó a la lucha de los pue­blos por las tie­rras. Otra ver­sión apunta a que su esposo fue un coro­nel zapa­tista que cayó en una de las pri­me­ras bata­llas, por lo que Rosa Boba­di­lla, al unirse a los rebel­des, por su enjun­dia la tropa y la gente le empe­za­ron a lla­mar La Coro­nela. Lo cierto es que, junto a sus hijos José María y Alfonso Casas Boba­di­lla, com­ba­tió desde el ini­cio de la revo­lu­ción zapa­tista. Llegó a man­dar a más de dos­cien­tos hom­bres, bajo las órde­nes de los gene­ra­les Geno­vevo de la O y Fran­cisco Pacheco. Ade­más de los rigo­res de la gue­rra y de per­der a su esposo por la misma causa, La Coro­nela sufrió como madre la pér­dida de sus hijos. José murió en un com­bate en 1914 y Alfonso corrió la misma suerte, luchando con­tra la inva­sión yan­qui el mismo año en Vera­cruz. Pero Rosa Boba­di­lla, subli­mando su dolor de madre y uti­li­zán­dolo como aci­cate para la lucha armada, a fina­les de 1915, com­ba­tiendo en los pue­blos de su estado natal llegó hasta El Oro, en los lími­tes con Michoa­cán, y ahí fue echa pri­sio­nera. El pasaje es citado en estos tér­mi­nos por el autor del men­cio­nado libro: "Cuando el gene­ral Alejo Gon­zá­lez supo que Rosa Boba­di­lla estaba presa pre­guntó: '¿Dónde está esa vieja?'. Quiso fusi­larla en ven­ganza a que ella había dado muerte al coro­nel Rodrí­guez, jefe de su estado mayor. Más la suerte estaba del lado de la mujer; debido a que una barda de la cár­cel se cayó esa misma noche pudo esca­par"… (Me leen mañana). Las opi­nio­nes ver­ti­das en este espa­cio son exclu­siva res­pon­sa­bi­li­dad del autor y no repre­sen­tan, nece­sa­ria­mente, la polí­tica edi­to­rial de Grupo Dia­rio de More­los.